Desobediencia civil
Sustentada en la
noviolencia, es más poderosa que otro tipo de armas o hechos violentos que a lo único que han
llevado es a ampliar las brechas y a perpetuar la violencia. Es así como la desobediencia cívica,
reconocida como el rechazo no violento y organizado a formas de discriminación, segregación (racial,
política y social), gobiernos totalitaristas y dictatoriales y a medidas en contra de la vida y seguridad
alimentaria, entre otros, han conllevado sin lugar a dudas grandes éxitos en el reconocimiento de
derechos sociales, políticos y culturales, al replanteamiento o inclusive a la eliminación de
normatividades que afectan el bien general sobre el particular y la independencia política y
económica de territorios. Lo cual sólo se ha logrado en la medida en que algunos líderes han
conseguido movilizar una gran cantidad de intereses, necesidades y población en torno a ellos.
Comercio Justo
Existe una práctica ciudadana que plantea una alternativa necesaria y factible al
comercio, por cuanto, en primer lugar, parte de garantizar el bienestar de todos, incluyendo el
desarrollo integral de las zonas de origen de los productos y en segundo lugar, porque surge de una
iniciativa ciudadana que se organiza para actuar de manera directa en la relación comercial que lo
vincula con otros territorios. Es allí en donde surge la propuesta de actuación no gubernamental en el
ámbito de las relaciones comerciales entre el Norte y el Sur: el proceso denominado Comercio Justo.
De acuerdo con Fretell y Roca, encontramos que comercio justo se entiende como la red comercial,
que conlleva producción, distribución y consumo, orientada hacia un desarrollo solidario y
sustentable que beneficie principalmente a los productores excluidos o en situación de desventaja,
impulsando mejores condiciones económicas, sociales, políticas, culturales, ambientales y éticas en
este proceso (precio justo para los productores, educación para los consumidores, desarrollo humano
para todos). (Fretell & Roca, 2003).
Consumo Responsable.
Actualmente se exige del comportamiento ciudadano
una ética responsable del consumo que, desde la comprensión de la amplia gama de necesidades
humanas, intente sugerir caminos para que su satisfacción sea justa y conduzca al bienestar individual
y colectivo. Esta visión del consumo en una sociedad industrial tiene el sustento en la convicción de
que el consumidor per se no es necesariamente manipulable, sino que también tiene la capacidad
crítica de reclamar calidad y justicia en los productos que consume (Cortina, 1999. pp. 36-43). En este
sentido, el consumo será justo si las personas, al consumir, están dispuestas a aceptar una norma
mínima fundamental de la reciprocidad universalizadora, según la cual sólo se realizarán acciones de
consumo que no dañen ni a los demás seres humanos ni al medio ambiente. (Cortina, 1999. p. 96)
A juicio de Cortina, el primer criterio para discernir si una forma de consumo es o no justa consiste en
considerar si puede universalizarse sin poner en peligro la sostenibilidad de la sociedad y del medio
ambiente.
Fuente: http://www.ceduniminuto.org/images/Documentos/12012/9_El_ejercicio_socialmente_responsable.pdf